Sustancias
Alcohol, cannabis, cocaína, estimulantes, medicación sin control médico y policonsumo. El acompañamiento se coordina siempre con la atención sanitaria que la persona tenga.
Adicciones
La adicción no es falta de voluntad ni un defecto moral. Es una forma aprendida de sostener un malestar que la persona todavía no sabe atravesar de otra manera. Comprenderlo no quita responsabilidad: la hace posible.
Qué acompañamos
Trabajamos con adicciones a sustancias y con adicciones conductuales y afectivas, siempre desde la persona concreta y su historia.
Alcohol, cannabis, cocaína, estimulantes, medicación sin control médico y policonsumo. El acompañamiento se coordina siempre con la atención sanitaria que la persona tenga.
Juego y apuestas, pantallas y redes, compras, sexo, trabajo o comida. Cambia la conducta, no el mecanismo: alivio inmediato y coste creciente.
Relaciones de dependencia, necesidad constante de aprobación, ciclos de ruptura y reconciliación que dejan a la persona sin lugar propio.
El bucle
Ansiedad, vacío, rabia, insomnio, sensación de no encajar. Casi nunca se consume por placer: se consume para dejar de sentir algo.
La conducta funciona a corto plazo. Ese alivio rápido es lo que el cerebro aprende y repite.
Salud, dinero, trabajo, vínculos. Aparecen la ocultación y la vergüenza, que a su vez aumentan el malestar inicial.
El propio coste se convierte en un nuevo motivo para consumir. Salir de ahí requiere comprender el bucle, no solo prohibirlo.
Conceptos clave
Cuando la familia y la persona comparten vocabulario, bajan las discusiones y sube la capacidad de actuar.
Dificultad real para percibir la gravedad del problema. Discutir con lógica aumenta el conflicto; lo eficaz es sostener límites sobre conductas concretas.
Impulso intenso disparado por estímulos o emociones. Suele durar entre 15 y 45 minutos: acompañar en calma mientras la ola baja es una habilidad que se entrena.
Lugares, personas, horarios, dinero disponible, ciertas emociones o conflictos. Identificarlos por escrito permite anticipar en lugar de improvisar.
Vínculos automáticos entre una situación y el consumo (el viernes, la discusión, la soledad de la noche). Se pueden desmontar y sustituir por rutinas nuevas.
Un desliz es un consumo puntual; la recaída es el regreso al hábito. Distinguirlos evita el «ya está todo perdido» y permite reaccionar a tiempo.
El momento del proceso en el que la persona ya no quiere volver atrás porque tiene demasiado propio que perder. Se nombra, se reconoce y se celebra.
Nuestra mirada
Durante décadas se ha tratado la adicción confrontando duramente, rompiendo defensas o esperando a que la persona «toque fondo». A veces se consigue obediencia. Pero una persona puede dejar de consumir por miedo o por presión familiar y seguir sin saber cómo regularse, relacionarse o sostener el malestar.
Cuando el tratamiento se centra solo en detener la conducta, se confunde el control del síntoma con la transformación de la persona. Nuestra pregunta es otra: ¿queremos que haga lo que le decimos, o acompañarla para que se comprenda, se responsabilice y elija cómo quiere vivir?
Cuéntanos brevemente qué está ocurriendo. Te orientamos sobre el primer paso posible, sin compromiso.